¿Se estará repitiendo la vieja y terrible práctica?

Álvarez Cristian realiza un análisis profundo sobre el momento vital en Colombia

Uno de los principales motivos por el que es recordado Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, es que tras su nombramiento hizo grandes críticas a varios procesos que se adelantaban en dicha entidad.

Uno de ellos tenía que ver con un proceso de documentación en el que los protagonistas eran los ríos del país. Con risa socarrona, en una reunión el 29 de octubre de 2019, Acevedo vetó dicho proyecto con estas palabras:

«¿Poner a hablar a un río?… Perdónenme muchachos, eso está muy bien para una obra literaria, una poesía… Recuerden cómo se burlaban de Maduro porque hablaba con un pajarito».

Sin embargo, pese a la reticencia del actual director encargado de la memoria histórica del país, los ríos colombianos no solo han sido protagonistas de los conflictos pasados, sino que aún en los presentes los afluentes son usados como método para prácticas criminales.

Recientemente, a través de su cuenta de Twitter, la organización de defensa de los Derechos Humanos Human Rights Internacional (diferente a Human Rights Watch International) publicó lo siguiente:

«Hacemos esta Denuncia Internacional ante @CIDH. Nos informan que varios de los jóvenes reportados como DESAPARECIDOS están apareciendo en los ríos de colombia (Principalmente el Río Cauca). No solamente sufren de Desaparición Forzada, si no también de Homicidio».

La denuncia venía acompañada de otro tuit en el que se observa el rescate del cuerpo de un joven de las aguas de un río.

El video podría ser el del rescate del cadáver de Brahian Gabriel Rojas López, oriundo de La Virginia, Risaralda y quien fue visto por última vez en el puente Francisco Jaramillo de esa localidad—rodeado de agentes de la Policía—en la noche del 28 de abril, día del inicio del paro nacional.

Varios testigos aseguran que—pese a que Brahian no estaba ni participando de las manifestaciones ni de los desmanes posteriores a la intervención de la Policía—al joven lo habrían golpeado los uniformados. Para evitar ser más golpeado por los policías, Brahian no tuvo más opción que lanzarse al río Cauca, donde fue visto con vida por última vez. No obstante, el joven fue hallado muerto cinco días después en las aguas del Cauca pero en jurisdicción del municipio antioqueño de Sabanalarga.

La familia de Brahian espera la necropsia de Medicina Legal que establezca cuál fue la razón de su muerte, a la vez que adelantan las denuncias correspondientes ante las autoridades.

Para muchos, el caso de Brahian Gabriel llama la atención sobre posibles desapariciones y muertes en el país bajo el marco de las protestas por el paro nacional y que no han sido oficializadas por las autoridades y los organismos garantes de derechos humanos. Hasta ahora no se ha comprobado ni descartado que existan más casos de jóvenes desaparecidos en el marco de las protestas, los cuales terminarían apareciendo en afluentes que recorren Colombia.

De hecho, el 16 de mayo, un usuario de Twitter publicó el siguiente mensaje:

«¿Será que nos están cumpliendo nuestra peor pesadilla frente al tema de los desaparecidos? Hoy hallaron otro Cuerpo [sic] en el Río [sic] Cauca, ¿vendrá de la represa Salvajina (ubicada en Suárez, Cauca)? Es escalofriante y me recuerda el caso de Brahian Gabriel Rojas López».

En el tuit, el usuario agregaba un video en el que se observaba otro cuerpo flotando en un afluente, que al parecer se trataría del río Cauca en jurisdicción del municipio de Río Frío, del Valle del Cauca.

A lo largo de nuestro conflicto, los afluentes—principalmente los ríos—han tenido una doble función dentro de las macabras dinámicas de la guerra.

Tan solo en el río Magdalena, según el Centro Nacional de Memoria Histórica, reporta que desde 1982 flotaron 320 víctimas, a veces enteras, a veces en pedazos, por sus aguas.

Según la revista Semana (cuando era buena) desde 1965 estos cuerpos de agua como el río Magdalena eran (¿o aún lo son?) usados principalmente para desaparecer a un enemigo, así como para entorpecer la recuperación del cadáver.

En otro macabro aspecto—sobre todo en la época del conflicto entre paramilitares, guerrillas y Estado—lanzar cuerpos a los ríos era una forma de enviar un cruel mensaje a las comunidades ribereñas de aguas abajo sobre lo que sucedía en poblaciones vecinas.

De hecho, uno de tantos relatos disponible así lo señala:

«Antes, cuando todos los días había muertos, la cosa era diferente. Acá había quien diera órdenes, y si no permitían recoger el muerto que llegó a la orilla del río o que se enredó en la atarraya, tocaba dejarlo ir, empujarlo con un palito para que parara más abajo, en otro puerto».

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Author: viajes24horas

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